Presentar a Nicolás Guillén en mandarín no solo es un gran privilegio para cualquier editor. Es la más poderosa y exacta manera de proclamar la dimensión universal de la obra del gran poeta antillano.
Nicolás Guillén, nacido en 1902, año en el que nacieron muchos de los más relevantes poetas de la utopía revolucionaria del siglo XX, es parte significativa de esa deslumbrante constelación que los astros entregaron a la poesía universal en el último siglo.
Recuérdese que en 1902 nacieron Nazim Hikmet en Turquía, Rafael Alberti y Luis Cernuda en España, Carlos Drummond de Andrade en Brasil, Langston Hughes en Norteamérica, Dulce María Loynaz en Cuba, María Poliduri en Grecia, Jorge Carrera Andrade en Ecuador, Zaharia Stancu en Rumania, Jaime Torres Bodet en México, y otra treintena de importantes poetas.
La figura del Poeta Nacional de Cuba resalta en un contexto literario que le confiere una gran jerarquía en las coordenadas de las letras de nuestro tiempo.
El poeta, de una estatura singular en las letras cubanas junto a una tríada de nombres prominentes en los últimos doscientos años: José María Heredia, José Martí y José Lezama Lima, aportó a ese rizoma esencial de la cubanía, la textura original de su verbo, con la marca indeleble de su impronta en el diseño de un perfil definitivo de la isla en el concierto de la cultura universal.

Todas las flores de abril, antología de poemas de Nicolás Guillén traducidos al mandarín.
Considerado como una de las voces esenciales de la poesía occidental del siglo XX, Nicolás Guillén supo unir en su obra la poderosa tradición poética de la lengua castellana y los aires de origen afroantillanos, que dotaron su poesía de profundo humanismo e impresionante belleza, expresión máxima de nuestra cultura mestiza.
Elegíaco, melancólico, íntimo y civil, su poesía registra también la ironía y el humor de la gente de su tierra. Sus primeros textos parten de la estética posmodernista hasta arribar a las vanguardias del siglo XX, a las que aporto’ la gracia y la sencilla grandeza de la música popular y el léxico propio de los barrios más humildes. Su compromiso con la utopía libertaria le llevo a abrigar una militancia política raigal al lado de los pobres y los justos.
Con Nicolás Guillén llegan a la poesía cubana los negros del solar, el arte de los antiguos esclavos, la voz de los marginados de una sociedad que los hacia invisibles. Por la humildad. Por la incultura. Por el color. Todo ello puesto a hervir en la sangre del crisol de lo que somos. Como él decía, “el color cubano”.
¡Aquí estamos!
La palabra nos viene húmeda de los bosques,
y un sol enérgico nos amanece entre las venas.
Traemos nuestro rasgo al perfil definitivo de América.
Bajo el sol
nuestra piel sudorosa reflejará los rostros húmedos de los vencidos
y en la noche, mientras los astros ardan en la punta de nuestras llamas, nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros
Tal, su propio perfil en las letras universales. Tal su pujanza. Tal su originalidad. Tal su meridiana jerarquía poética. Bebiendo en las tendencias contemporáneas de su época, el poderío de su ejercicio artístico lo retrata y lo sitúa entre los autores clásicos del parnaso de nuestra lengua.
Difícil, desafiante habrá sido para el eminente traductor Zhao Zenjiang, la misión de verter a vuestra lengua esos originales sones, esos alaridos, esos mugidos lejanos de los habitantes de la sabana, esas finas canciones esculpidas en onomatopeyas carnales del habla popular, en la que Guillén vivió impregnado hasta los tuétanos, hasta la raíz que le permitió modelar una de las obras más peculiares en lengua castellana.
Si Federico García Lorca bebió del romancero popular español y Rafael Alberti creció asistido y respirando en cada instante las resonancias del cancionero medieval castellano, nuestro Nicolas Guillén, altísimo par de los grandes poetas andaluces, en la asunción de la esencia popular como paradigma de lo poético, bebió iluminado en los sones de la música popular, en los pregones callejeros, trascendidos del magma entrañable del pueblo cubano por el Trio Matamoros, Miguel Matamoros, ese poeta máximo del son y los trovadores de la Isla.

El poeta y editor Alex Pausides, presidente del Festival Internacional de Poesía de La Habana.
Poeta del amor y de las luchas por la justicia, Nicolás Guillén asumió la poesía como una aventura del lenguaje en la que lo culto y lo popular se dan las manos, tanto como lo académico y el divertimento puramente estético frente a la literatura como juego de espejos donde la gracia y el humor concurren sin dificultad alguna.
La historia, la sociedad, la naturaleza insular, la alta cultura occidental, la herencia de nuestras raíces españolas, africanas y asiáticas, esas diversas fuentes encuentran en su obra pleno asiento.
El poeta nos deja el testimonio de su talento natural y el culto a la belleza que gobiernan su destino como creador y como hombre.
Esta selección, verdaderamente antológica del gran poeta cubano, es un regalo para los lectores de China.
Desde Cuba, la Isla de la libertad en medio del mundo occidental, en medio de una civilización que ha hecho de la codicia y el dinero su mejor carta de triunfo, les traemos al lector chino el testimonio de la belleza que anida en nuestra Isla, de la poesía que somos capaces de proponerle al mundo, en la voz de uno de sus hijos más altos, Nicolás Guillén.
* Palabras del poeta y editor cubano Alex Pausides, este 19 de abril, durante la presentación en Liangshan ─provincia china de Sichuan─ del libro Todas las flores de abril, antología de poemas de Nicolás Guillén, Poeta Nacional de Cuba, traducido al mandarín por el eminente hispanista chino Zhao Zhenjiang.

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