Una puesta en escena de la cultura cubana socialista (Croniquilla y reflexiones acerca de mi fin de semana)


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Este fin de semana, 14 y 15 de septiembre, sucedió lo que fue previsto por el Presidente y los ministros del Gobierno de Cuba: la dignidad, la solidaridad, la comprensión, la reflexión y el buen humor se sobrepusieron en el ánimo de la mayoría de nuestra población; así, se disminuyó la tensión lógica y sicológica que nos impone por estos días la falta de combustible, causada por las medidas que nos aplican los “trumpistas” (1) a través del recrudecimiento del bloqueo. Podría contarles muchas escenas y comentarios que presencié directamente, pero solamente compartiré algunas como “botones de muestra”: la sonrisa y el buen ánimo fue parte del paisaje urbano. 

El viernes, estaba muy cansada, tuve que caminar “bajo el sol ardientemás de veinticinco cuadras para hacer algunas gestiones y compras de fin de semana”, porque no aparecían omnibus, ni “me saqué la lotería” con los carros estatales.  No obstante, esa tarde-noche pude disfrutar, sin salir de mi casa, del festival de música barroca, trasmitido en vivo por la radio (CMBF) directamente desde la Iglesia de Paula en La Habana Vieja. (Cuántos programas de excelencia he recomendado para que se graben por radio o televisión y de este modo se multipliquen y disfruten, llenando con sabiduría y elegancia parte de la programación de los medios masivos de comunicación… No se ha tenido en cuenta mi sencilla sugerencia).

El sábado me levanté tempranito, muy preocupada les confieso, porque debía asistir a una importante reunión de la Unión de Historiadores de Cuba del municipio Playa. Tan pronto como pude llegué a la parada del omnibus en 19 y 70; desde lejos me percaté de más de dos decenas de personas que esperaban por un transporte. Pero, una vez que llegué al lugar, me tranquilizaron las autoridades, el inspector de transporte y un policía de tránsito, que estaban parando los omnibus y todos los carros estatales vacíos que pasaban por allí. En menos de diez minutos se detuvo frente a nosotros un ómnibus de turismo ¡con aire acondicionado!, cuyo chofer ofreció llevarnos hasta un nodo vial importante 41 y 42, gratuitamente además. La parada casi se vació, pues a todos y todas nos convenía ese “empujoncito”, el resto del trayecto era posible en otro ómnibus, o, con una caminata relativamente corta y saludable, como la hice yo.

Los comentarios en el ómnibus donde viajamos eran numerosos: agradecimiento al chofer, alegría por viajar en tan buenas condiciones y llegar rápidamente al destino deseado; acerca de la necesidad de extender en lo posible esta ayuda al transporte urbano, mediante una buena organización y una conducta agradable —una señora se refirió a ello con la frase  “dar amor entre cubanos”— otros comentaron que debía cobrarse el pasaje, al menos los cuarenta centavos, que debíamos aportar en todos los casos porque nuestro país no es rico para regalarnos un servicio tan caro… En fin, como es usual, los cubanos y cubanas no se quedaron con pensamientos “boca adentro” y opinaron, aunque fueron agradecidos y positivos en todos los casos.

Cuando llegamos al final del viaje, quienes hicimos el tramo completo nos bajamos con alegría, y reiteramos nuestros agradecimientos y parabienes al chofer. En ese cruce, o nodo vial, se veían inspectores de tránsito, policías jóvenes, atentos todos a los vehículos estatales que circulaban por allí. Las paradas estaban llenas con personas que esperaban con tranquilidad -imagen poco frecuente en la transportación urbana de pasajeros, generalmente de rostros serios y ansiosos.

Continué mi trayecto conversando con dos señoras, que me explicaron lo que ellas pensaban acerca de la necesidad de romper el “bloqueo interno” en nuestro país, lo necesario de hacer que la disciplina reinara entre los trabajadores y que se aprovecharan mejor los recursos propios, “como repetía el Presidente”.    

Al regreso de mi reunión, cerca de la una de la tarde, caminé “bajo el sol más ardiente aún”, hacia la parada de 41 y 10, regularmente desbordada. Juro que no pasaron diez minutos cuando apareció un Transtur mágico ¡con aire acondicionado! El amable chofer recogió a la mayor parte de los pasajeros que íbamos en dirección a la avenida 19. ¡Qué más podía pedir para mi sábado siempre complicado y lleno de tareas pendientes! 

Porque, las mujeres, en particular, siempre tenemos la agenda repleta: el menú laboral no termina cuando regresamos a la casa, sino que continúa de la forma más variada y urgente. De manera que, una forma de apoyarnos con justicia es ahorrándonos tiempo y esfuerzos empleados en la transportación. Y si llegamos sin “estrujamiento guagüero”, mucho mejor, más saludable. El transporte eficiente es parte substancial del ahorro en el país. Igualmente y al propio tiempo es solidaridad con las féminas de a pie, un respaldo estatal que solicitamos y merecemos.

En la tarde del domingo, una gran amiga cristiana me invitó al concierto “Arte y Amor”, efectuado en el Teatro Karl Marx. Allá,  la platea estaba completamente llena. El espectáculo logró una altísima calidad; estuvo compuesto esencialmente por música religiosa, interpretada por artistas estadounidenses y cubanos. Nos dio placer el público —en el que participaban gran cantidad de jóvenes y niños— coreando canciones con amor y alegría, inclusive lo hacíamos quienes no profesamos religión alguna. Valores espirituales de altos quilates nos regaló ese hermoso concierto, lleno de solidaridad con Cuba y su pueblo de parte de los músicos y cantantes estadounidenses y puertorriqueños, en alto contraste con el gobierno yanki. Buen fin de semana, a pesar del bloqueo externo ¿no es cierto? 

Mis reflexiones… 

La cultura se construye y se ejerce por la ciudadanía cotidianamente, de muchas maneras; es la forma más evidente de cómo vivimos y reproducimos nuestra vida en diferentes atmósferas sociales, son las más comunes: la familia, el colectivo laboral, el barrio al que pertenecemos y sus instituciones educacionales, de salud, deportivas, recreativas, etc.; el transporte en que circulamos por nuestra ciudad. Sin embargo, infelizmente esto no siempre se refleja en nuestras manifestaciones artísticas, escénicas y literarias. 

Hay cierta tendencia a omitir rasgos fundamentales del vivir en cubano, por ejemplo, la músicalidad que nos acompaña de la mañana a la noche; la solidaridad que una persona desconocida nos demuestra al subir o bajar del omnibus, o, en la “cola” (fila) de cualquier establecimiento público; de la vecina o vecino que nos avisa de la llegada de un producto racionado para que no lo perdamos; comentarios interesantes (no chismes, ni bretes), surgidos del pueblo que enriquecen nuestra percepción y visión sobre hechos de mayor o menor trascendencia, que forman parte de nuestra cotidianidad… Detalles, lindos detalles, de la cultura cubana local, muy valiosos para tejer una historia ficticia o real.

Por otro lado, recordemos que la formación de nuestra cultura actual, nacionalidad, ciudadanía y del estado nación, ha transcurrido en distintas épocas históricas; nos nutrimos de una diversidad étnica a la que aportaron, tanto los pobladores más antiguos de nuestro archipiélago (en su mayor provenientes de los pueblos aruacos) y, hasta ahora los cubanos y cubanas descendientes de aquellos, poco estudiados y reconocidos; los europeodescendientes y afrodescendientes que llegaron después, en la época colonial (duró 367 años, 1511-1898); entre ellos y ellas hubo  colonizadores esclavistas portadores de la cultura euroccidental, otros vinieron como inmigrantes forzados (canarios, africanos negros de distintas etnias), trabajadores pobres, “libres” y esclavos; todos en conjunto determinaron un sistema económico social y sumaron en este sus variadas culturas; entre todos crearon algo nuevo, una cultura criolla, que en el siglo XIX se llamó a sí misma cubana (la base del “ajiaco orticiano”) para diferenciarse de la española peninsular.

Así las cosas, se desarrolló la visión “constructiva”, tal vez la actitud decisora electiva que nos marcó filosóficamente desde el siglo XIX hasta la actualidad. Hay mucho que y de donde sacar y seleccionar, tambien hay mucho conocimiento por buscar, hallar, evaluar y reconocer justamente. El momento en que vivimos lleno de problemas, contradicciones, incertidumbres, ansiedades, es igualmente extraordinariamente rico; está preñado de experiencias, buenas y malas, sobre las cuales ya se teoriza seriamente, inclusive, sobre las peculiaridades del socialismo cubano. (2).

Vale la pena, uso con intención una frase manida, popular, reflexionar sobre los amplios recursos culturales que poseemos, los reconocidos talentos de que disfrutamos en   manifestaciones artísticas de toda índole, deben servir para poner en escena, en los medios masivos de comunicación obras cubanas, verdaderamente llenas de originalidad, arte y amor.

(Yo sugiero, soy incorregible soñadora, incluir en alguna de nuestras futuras telenovelas —por ejemplo, tan solo para que se entienda mi propuesta— una o varias escenas, al menos, de uno de los 104 conciertos ofrecidos por Silvio Rodríguez a la población de los barrios menos exclusivos de La Habana y otros lugares de Cuba; también alguna del experimento de Kcho en El Romerillo, acerca de transformaciones positivas y reales que tienen lugar en Cuba. Añadir o dar valor agregado por ese medio a las cortas y secas noticias y reportajes de los informativos).

Enriquecer infinitamente la vida espiritual de los cubanos y cubanas ¡sí podemos! “Ofertarles”, en lenguaje empresarial actual, y poner a su alcance lo mejor que hemos acumulado y poseemos de nuestras diferentes culturas hibridadas, en un intercambio sistemático y continuo de saberes y conocimientos, activo, atractivo e inclusivo (3) ¡sí podemos!   

Hacer, como en estos dos días preciosos, agradecidos por el pueblo, en que estabamos esperando el tanquero del diesel, una noticia de primera plana, pero sin nerviosismo, inseguridad, ni angustia, muy al contrario, significa extender esta experiencia, validarla de muchos modos, convertirla parte del quehacer diario de cada ciudadano o ciudadana, desde su posición de combate en la larga y decisiva Batalla de Ideas que libramos en el país. Amar aún más a Cuba, como históricamente nos pedían Martí y Fidel.

NOTAS:

  1. Denomino así al gobierno del presidente Donald Trump y sus más ortodoxos seguidores. L. A. A.  
  2. Recientemente escribí una breve reseña del libro La evolución del poder en la Revolución Cubana del doctor Juan Valdés Paz, que fue publicado en el Periódico CUBARTE, el 26 de agosto de 2019.
  3. El desarrollo de las manifestaciones danzarias en Cuba, desde lo popular, lo folklórico, hasta las expresiones más decantadas de lo moderno, así lo ha demostrado a lo largo de estos sesenta años. 

        


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